Marathon Majors

Winter is Coming

 

Charles River

Es viernes y salgo por un trote de unos pocos kilómetros para soltar la piernas bajo un sol tibio, voy bordeando el Charles River, unas vueltas al Public Garden y al Boston Common, foto de rigor y vuelta al departamento, literalmente un paseo bajo el sol, un escenario diametralmente distinto a lo que se venía el lunes, ni una sospecha más allá de los reportes meteorológicos que miraba con ilusa esperanza de que estuvieran equivocados.

Buena carga los días previos, ir a la expo a recoger el número (qué espectáculo pero lo dejaremos para otra ocasión, se podría alargar por páginas y páginas), ordeno la ropa de carrera, estoy en eso cuando se me ocurre que ir a comprar guantes quizás no es tan mala idea dado que ya la tormenta se veía cada vez más cercana e inevitable. 

Demasiado tarde, absolutamente todo agotado, sólo encontré unos guantes de saldo en un supermercado que funcionan como placebo, así que mi ropa de carrera era short, polera de maratón, manguillas y gorro, un poco desabrigado pero pensaba que no era nada tan terrible, corriendo se entra en calor, ¿no?

Expo Check In!

Falta de abrigo frente a condiciones meteorológicas extremas

Tercer lunes de abril como es tradición. Me despierto a las 4 a.m para desayunar bien y con calma, abro la ventana y me encuentro con el peor escenario que se podría imaginar para debutar en un major, pero bueno, es parte del show así que a mentalizarse y seguir adelante. Llegó al boston common a subirme a los buses escolares que funcionan a la perfección, con 5 capas encima para tratar de mantener en algo el calor corporal, pero con ese viento, nieve y agua, todo intento falla. Los 40 minutos dentro del bus hasta Hopkinton fueron lo único tibio del día.

Dejando la bolsa para el post

Nos bajamos y me voy directo a las canchas donde están las carpas de espera para los miles de corredores, todo estamos en la misma, parece más un campo de refugiados que la previa de una maratón. El suelo está todo lleno de barro, pozas y nieve, el viento no daba tregua y el termómetro era de 0 grados con una sensación térmica de – 6ºC, así que me quedo en posición “huevito”, tapado con una manta térmica foil que guardé de la Maratón de Santiago de la semana anterior (fui pacer) y tratar de no perder mucho calor, el cual ya era escaso a esa altura. El viento está cada vez más fuerte, la lluvia y nieve más intensa, la temperatura bajando y la ansiedad subiendo, llaman a encajonar a la Wave 1, así que parto y camino el kilómetro de distancia que hay desde las carpas hasta los corrales, entro al corral 5 y trato de calentar y activar, más mental que físico ya que no surge ningún efecto en absoluto, tengo las zapatillas embarradas, toda la ropa mojada, pero esto es un major y hay que dejarlo todo, así que cambio el switch, es lo que tocó y hay que a dar la pelea, es para todos lo mismo. Me saco la ropa que me puse para botar y la dejo en las estaciones especialmente dispuestas para eso, el comentario es que esperemos hasta la última estación antes de partir para tratar de retrasar lo más posible el frío, veo a mi alrededor a los corredores y me preocupo realmente por primera vez y veo que cometí un error: estoy más desabrigado que todo el resto. Patas largas, primeras capas e impermeables son lo básico y más común, pero bueno, no hay tiempo para preocuparse más, suena el pistolazo, vamos.

De a poco empezamos a avanzar y al cruzar la línea de partida, el grupo ya iba a buen ritmo, es la Ola 1 así que como Boston funciona por clasificación de tiempos, es la ola con los corredores más rápidos. Empiezo a correr y tratar de llegar al ritmo planificado pero entre la cantidad de gente, lo angosto del camino y sobretodo el frío que siento, me cuesta mucho, así que me quedo 5 segundos por sobre el ritmo de km. y me voy a 4 minutos por km. clavado. Por ahora no pienso mucho en el frío ya que probablemente entraré en calor en los primeros 5 kms. así que intentaré disfrutar la experiencia y me voy así hasta el kilómetro 15, pasándolo en 1:00:28 a un ritmo de 4:01, todo bien en el reloj, pero a esta altura ya tengo clarísimo que no voy a entrar en calor, por el contrario, con cada kilómetro el frío va doliendo más y me cuesta más mantener el ritmo sin quemar tanta energía, las señales indican que algo anda mal y así lo entiende mi cuerpo, pero la cabeza está totalmente seteada a terminar esta carrera, estoy totalmente mentalizado a dejarlo todo y no fallar, así que ni se me pasa por la mente tomar la decisión de abandonar, la más prudente a esta altura y así no arriesgar. Cruzo la media maratón en 1:26:00, el reloj no refleja la batalla interna que está empezando a darse, ya me está costando mover las piernas, se empezaron a poner tiesas, las manos las dejé de sentir kilómetros atrás, cada ráfaga de viento es como un muro de hielo que te va frenando, lo único positivo del ambiente es el público, que sin importar el clima, está apoyando a los corredores con todo lo que tienen, se ven parlantes, gente cantando, gritando, universitarios con coolers y cervezas BIEN HELADAS, impresionante, en el km 23 suena en loop la canción Sweet Caroline, un clásico de Boston y los Red Sox, realmente sienten, y con bastante razón, que la Maratón es parte del alma de Boston y de sus alrededores, tiene una mística única que no se disminuye ante nada.

“había una carpa de primeros auxilios cada 300mts, un nivel de seguridad envidiable”


Estoy acercándome a la parte más difícil del circuito, Newton Hills y el mítico Heartbreak Hill. A esta altura el frío me está destruyendo, dada mi pésima opción de ropa, mi polera está empapada y se me pega al abdomen, lo que hace que me enfríe aún más, y se traduce en mucho dolor y tiritones. No puedo parar, mi cabeza no lo permite y hago caso omiso a todas las señales de advertencia que el cuerpo me está dando.

Todos los maratonistas han vivido la experiencia de llegar a un punto de la carrera en que la mente te juega trampas y sólo te pide abandonar, surgen las clásicas preguntas ¿para qué haces esto? ¿quién te obligó a meterte acá? La cabeza te dice que pares de correr, para de sufrir, pero el cuerpo siempre puede dar un poco más, bueno, este caso fue todo lo contrario y hay una explicación. En octubre del 2017 tuve en Viña mi primer DNF en maratón, y fue totalmente un tema mental ya que estaba más que entrenado para hacer una excelente carrera, por lo que terminé muy frustrado, así que esta vez no me iba a pasar lo mismo y me mentalicé en terminar Boston costara lo que costara. Entrené mi cabeza con entrenamientos largos y difíciles, repeticiones y varias cosas más que fui leyendo y sacando de experiencias mías y ajenas, la cabeza esta vez no iba a fallar.

Llego al km 30 pero el ritmo ya no era a 4 por km, había bajado 50 segundos por km de golpe. Entre el frío, la poca energía y los cerros, ya estaba trotando bastante más lento, me tiritaba la mandíbula y sentía mucho dolor en las piernas y los brazos, pero de alguna manera me las arreglo para pasar Heartbreak Hill y empezar la bajada final, los últimos 7 kms. ya casi está, pero a esta altura estoy caminando, tapado con una manta térmica que me conseguí del público, pensando en terminar como sea, aunque fuese caminando, pero duré así exactamente 500 metros, al empezar a caminar, ya no generaba calor y el cuerpo, sabiamente, se apagó. Me desmayé y me llevaron inmediatamente a una carpa de urgencias, había una carpa cada 300 metros, un nivel de seguridad envidiable. A los pocos segundos recupero la conciencia y escucho gente, como yo habían muchos, todos víctimas del frío. Me toman la temperatura y llaman inmediatamente a la ambulancia, 29 grados celsius “84 Fahrenheit” grita la enfermera, hipotermia grave, directo al hospital St. Elizabeth’s en Boston, se acabó la maratón de Boston para mí, será para otro año.

“Cuando la rabia de no lograr el objetivo se convierte en aprendizaje, maduramos como deportistas”

La experiencia y la sabiduría para decidir hasta dónde llegar, cuándo decir “no más, no lo vale”, es algo que no tenía antes de correr Boston. Carreras y revanchas va a haber siempre. En la medida en que nos vamos conociendo como corredores y aprendemos a identificar y respetar los factores que no podemos controlar, mejoraremos como corredores y probablemente como personas, run safe.

Cristóbal Castro es Maratonista y Head Runner de Runnit 

Instagram: @tobi_castro