Race Experience – Berlin Marathon 2019

 

Race Experience – Berlin Marathon 2019

Puerta de Brandenburgo, últimos metros. Lo que había imaginado exactamente durante las 18 semanas de proceso estaba pasando, pero con más dolor. Lo que no vi venir, era un margen tan pequeño para lograr mi objetivo. No se veía la meta aún, pero desde que la pude divisar, calculé que lo que faltaba era aproximadamente algo similar a la distancia de la recta entre Carolina Rabat y Agua del Palo, circuito que hago a menudo. “2 minutos” me dije y tenía un margen poco menor a 3. Completamente desfigurado entramos en esos metros finales.

Las 3 semanas anteriores al viaje no fueron fáciles. 2 molestias muy rebeldes en el gastrocnemio izquierdo luego de un largo en Villarrica y otra en el talón de Aquiles derecho (según las ecos en ambas nunca tuve nada), me dejaron muy poco kilometraje durante este período. El dolor no me permitía entrenar como quería, ni siquiera en la semana de peregrinaje técnico – deportivo que tuve en Boulder en un seminario de Training Peaks. Independiente de lo anterior, la opción de dejar que el fitness cayera y cayera no existía. Natación, rodillo y ruteos con el equipo los domingos fueron la opción. En limpio: para los triatletas es más fácil evitar que caiga el fitness debido a la variedad natural que nos dan nuestras disciplinas. Los runners no tienen al alcance de la mano esta salida “alternativa” por lo que es muy importante fomentarlo ya que en momentos difíciles, pueden ser la salvación.

Antes de partir este proceso planteé el objetivo: bajar las 2.40. Con eso en mente caía otro objetivo más de inmediato, que era hacer mi PB (si, así de obvio) y luego dependiendo de la cantidad de chilenos participando y sus tiempos, entrar en el Top 10 histórico en Berlín. Esto último no me quitaba el sueño, pero sabía que era capaz de hacerlo.

Las 18 semanas del proceso comprendían 10 semanas generales (a las que ya entramos con la base lista), 6 específicas y 2 de taper que incluían largos de 25 y 20, de los cuales lamentablemente no pude hacer ni uno. Trataba de convencerme que como las 15 semanas antes de las lesiones fueron hechas completamente a conciencia, estas iban a ser suficientes y me iban a salvar o por lo menos dar la posibilidad de dar la pelea. En estas 15 semanas sumé 913,2 kms. que son 61 kms promedio semanales. Las últimas 3 semanas, sumé sólo 60 kms. totales, que son 20 kms. semanales y un 67% menos que el promedio de las 15 semanas anteriores (debía bajar por el taper ¡pero nunca tanto!). Eso si, sentía por sensaciones que las adaptaciones en el cuerpo se habían hecho y que la resistencia a la fatiga se había desarrollado bien, con buenos largos y trabajo de pista. Mi preocupación más grande era lo muscular. Al tener bajísima actividad aguda (minutos totales de la última semana) versus crónica (minutos totales de las últimas 4), si bien estaba “descansando” estábamos dejando de activar los músculos, lo que podía afectar en los kilómetros posteriores al 32 o quizás incluso antes. Para no permitir esto, junto con el entrenamiento cruzado, mantuve sesiones de Kine y preparación física para evitar que el hecho de no correr interrumpiera drásticamente el proceso y generara automáticamente desmotivación. Por último y no menos importante, es que fue muy necesario ser cuidadosos con la nutrición en una situación así. No puedes seguir con el ritmo que venías en las semanas anteriores debido a la no ponderada baja de volumen. En limpio: las lesiones y molestias son propias del proceso y podemos limitar las posibilidades que ocurran, pero por diferentes motivos pasan igual y de ahí que tenemos que entender que seguimos siendo deportistas, pero en una condición diferente o etapa distinta. No podemos dejar de preocuparnos de trabajar completamente enfocados en la recuperación y seguir desarrollándonos, aunque estemos lesionados o con molestias.

Una vez en Berlín barajamos todas las posibilidades existentes con la Cata, mi futura señora, socia y asesora. Los resultados de los exámenes no mostraron nada y aunque había dolor cuando corría, llegamos a una decisión unánime (que imagino muchos han tomado con sus riesgos asociados): no viajé 12.517 kms. para ver la carrera desde afuera. Hicimos mucha elongación y activación los días previos y nos entregamos a que un Celebra más la dosis natural de adrenalina hicieran lo suyo, pero esa medalla se iba de vuelta a Chile conmigo.

 

 

Domingo 29 de Septiembre. Las condiciones del día estaban lejos de ser las óptimas, pero para los que partimos a las 9.15am en los corrales A y B fueron relativamente benignas en comparación a los que partieron más tarde, que tuvieron que lidiar con viento y lluvia de verdad. Esa que te moja hasta las intenciones. Hubo record de inscritos este año: 46.983 corredores y la forma en la cual esta Maratón organiza todo (desde la expo a la carrera) es notable. Siempre se mantiene el flow de gente, no vi atochamientos y todo muy delineado lleno de voluntarios/as. La entrada a los corrales es expedita con los espacios justos y necesarios para abarcar la cantidad de gente de cada uno. Pocos colados y buen ambiente. En limpio: demasiado importante enseñarle a nuestros deportistas que deben partir donde realmente les corresponde. Los accidentes pasan y a veces por querer salir en una foto (o por otra razón inexplicable), pueden tirar por la borda su proceso completo y el otros.

Los primeros 10K fueron de un esfuerzo percibido bajo, lo que es normal, pero de poco me di cuenta que estaba por primera vez corriendo una Maratón completamente desconcentrado. El foco estaba puesto en el talón y no en la carrera misma. Esto me obligó a ejecutar juegos mentales para cambiar el foco ya que no sabía cómo iba a responder. Berlín es una maratón en donde probablemente cada deportista busca su marca personal, por lo que se pueden imaginar el ritmo inicial del corral B, una locura. Cuando en una maratón tienes un plan, respétalo aunque sea difícil durante los primeros kms. y si vas a hacer cambios, que sean conscientes y controlados. Ya entrando en calor, lo que costó por lo menos media hora, me empecé a sentir mejor y entramos en un “cómodo” crucero a 3.45, +5 segs. por km. vs el plan inicial.

 

 

Del 10 al 20 intento absorber la energía de la gente, que es realmente increíble junto con la decena de bandas y hasta orquestas completas (literal) que hay en la calle animando. Mirar una linda iglesia por ahí y decirme a mi mismo “estás acá donde Eliud rompe records y Bekele va por el suyo un poquito más adelante” me ayuda a vivir más el momento y abstraerme de la pelea interna. El sol no se vio ni en pintura, pero vamos tomando agua en todas las estaciones y ya empiezo a agradecer que el circuito es realmente plano, como dice la leyenda. Las mesas con hidratación son largas por lo que no hay mayores contratiempos. A estas alturas, ya delineaba que la clave de mi carrera iba a darse entre el 20 y el 30 porque ya estaba, en promedio, 2 segundos más lento que los 10k iniciales. Lo que me diera entre el 20 y el 30 probablemente sentaría el precedente de la carrera completa. Al parecer, con lo que llevaba, tenía una cuenta corriente que me permitiría por lo menos bajar uno de los objetivos y el más valioso para mi: el PB.

Del 20 al 30 pasamos por lugares oscuros. Tan así que alrededor del 26 -27 sentí como que de pronto se me apagaron las piernas. Sin quererlo, venía mirando hacia el suelo (cuando debemos mirar hacia adelante para correr con el tronco erguido y no “doblarnos”). Esto me impidió ver la subida más pronunciada del circuito (que no es más que un repecho largo). Pensé que hasta ahí no más llegaba, pero fue un juego mental. Luego al bajar recuperamos el ritmo y los segundos sacrificados. Volvió el dolor, así que echamos mano a un analgésico sublingual y el placebo hace efecto de inmediato y como acto de magia callejera, el dolor desaparece ahí mismo. En limpio: ni un remedio del mundo puede hacer efecto en tan poco tiempo, por lo que MIND OVER BODY. Esto es cabeza y luego corazón. Ese corazón que lo llenan los hijos, la Cata, la familia y todo el equipo que en Chile a esa hora duerme, pero no importa. Sabia que había un par “online”.

 

 

Kilómetro 30 y llegó…no se cómo, pero llegó: ese segundo aire semi patriota que te hace recordar el proceso, los sacrificios, las cervezas rechazadas y el convencimiento que me hace decir “vamos a hacer esta hueá”. Llevo casi 2 horas de batalla y no me voy a rendir ahora. Veo el ritmo promedio que llevaba hasta ahí (3.46) e hice algo que nunca había hecho: apreté lap. “12 kilómetros más carajo, de la casa al San Benito ida y vuelta, lo tengo” – me dije. Reseteo total, carrera nueva, ahora partimos. Las calles ya estaban más despejadas y el número de atletas exiguo, tomar agua era expedito y mantuve el plan de hidratación: todas las estaciones sin falta. Sólo 12 kilómetros más y bueno, esas cosas que uno hace son para hacer que la pega se vea más fácil y que el esfuerzo percibido se mantenga y no suba, ya que en el km 30 es difícil que baje. Lo otro que buscaba era el split negativo, finish strong, ahí esta todo…vamos.

 

 

No les miento, los dolores ya eran un detalle porque dado que empiezan a salir otros nuevos, todo tiende a relativizarse por lo que los fantasmas se fueron. Ya no eran un problema y por fin me logré concentrar. Todo sigue plano, ni un repechito, quiltro que esquivar o una bajada que me haga puré los cuádriceps. Estaba todo dándose de no ser por un viento que te calaba a ratos, pero que importa, es para todos lo mismo.

35, 36 y al 40. Llevo 2 horas y media clavado y ya tengo un objetivo casi listo, el PB. ¿Y ahora? ¿Qué pasa si apretamos en el 40 y hasta la cocina? Hay poco que perder (entendamos que para un mortal age group como yo, a esas alturas apretar es bajar de 3.45 a 3.36 dando la vida, pero por 2 kms sostenidos lo que es duro). OK, démosle. A medida que avanzan los metros me lleno de confianza y de ese dolor que agradezco porque me mantiene vivo día a día. Sigo avanzando, empiezo a leer “Berlin Legend” por todas partes, la gente se siente, par de curvas, derecha, izquierda, al fondo a la derecha, la última izquierda y ahí está…la puerta.

Completamente desfigurado y bajo la lluvia (con el soundtrack de Rocky en la cabeza) entramos en los metros finales y el cálculo decía que si le metía todo el huevo existente en el mundo bajaba las 2.40 y lo lograba. Démosle no más. Los gritos ya se escuchan y uno piensa que son todos para ti, eso es lo lindo, ya no miro mi reloj y sé que el de la meta, el oficial, tiene unos segunditos de yapa. Dientes apretados, a fondo, no se puede pensar en nada y justo antes de empezar a ver puntos negros, pasamos por el arco final. Trato de levantar los brazos y paramos el reloj…2:39:30. No lo puedo creer, quiero llorar, pero no puedo, no tengo lágrimas. No pasan más de 2 minutos y se pone a llover como anhelaríamos en Santiago. Locura total.

 

 

Sabía que si hubiese sido el único chileno entraba en el Top10, pero a Berlín van tremendos atletas, de gran categoría y vueltas al mundo de experiencia. Terminé siendo el 4º, quedando a 27 segundos de entrar en el lugar 10, pero WTF, habrá que volver. Los que llegaron antes son mejores que yo, al igual que todas esas bestias que están ahí y algunos, desde hace varios años. Felicitaciones a Jorge Morales, Mauricio Sánchez y Pedro Rodríguez, a quién no conozco, pero sé que tuvo una carrera aparte para llegar a Berlín y quedarse con el mejor tiempo chileno de la historia en esta Maratón. Bravo.

Los dejo con 3 pensamientos:

  • Confía y desvívete en el proceso. Sólo con eso podrás poner metas reales y ambiciosas a la vez. Esto obligatoriamente hace que confíes en tu coach (o en ti mismo), por lo que a mi juicio esa relación es lo fundamental y lo que va primero, no al revés.
  • Si sabes lo que vas a hacer y hay fundamento en su construcción, no hay por qué dudar de nada, pero en Maratón el juego de probabilidades es delicado y no perdona. Si corres riesgos, que sean moderados.
  • La mente sobre el cuerpo aquí y en todas partes. Es real, no es mentira, pero al igual que los intervalos, repeticiones y fondos, se debe entrenar.

Quiero darle mis más sinceras felicitaciones a los 206 chilenos que compitieron en esas condiciones carrera y dedicarle estas palabras a todos los deportistas que complementan esto con labores de padre/madre, trabajo, viajes, responsabilidades varias y que nunca dejan de comprometerse a lo que sus entrenadores les sugieren. Son los reales age groups los que llenan las Maratones y Triatlones del mundo.

Gracias a ICCUS (Patrick Muller y cia.) y a 123go (Ignacio Naranjo y cia.) por la preocupación, seguimiento constante y por tratar de arreglarme siempre de urgencia y con la mejor disposición.

Gracias a la familia por estar ahí siempre y por creer.

Gracias a Runnit por inspirarme y exigirme llevar el standard a lo más alto.

José Ignacio Castro
Head Runner y Coach
Runnit Chile
@runnitchile